(Imprescindible la musiqueta.)
¡Españoles! ¡Ha llegado la hora de la gloria, del júbilo y de la inmortal victoria!
Desde el Nuevo Mundo hasta las playas bañadas por el Mediterráneo, la nación entera se funde en un solo clamor. ¡España ha conquistado el Campeonato del Mundo de Fútbol tras doblegar con heroísmo a la aguerrida selección argentina!
¡Victoria incontestable de la raza futbolística!
Mientras la patria contenía el aliento, nuestros valerosos muchachos, ejemplo de disciplina, pundonor y sacrificio, combatían sobre el césped con la determinación de los grandes días de la Historia.
Y cuando el cronómetro parecía desafiar el destino...
¡Llegó el minuto ciento seis!
¡Ferran Torres! ¡Gol! ¡Gol de España!
¡Gol para la eternidad!
Las campanas parecían doblar de alegría y los corazones latían al unísono desde Finisterre hasta Cabo de Gata.
Y en la luminosa villa de Salou, joya del Mediterráneo español, las avenidas se transformaron en un océano de banderas, bocinas y abrazos fraternales.
El paseo Jaume I fue tomado por una multitud exultante.
Los automóviles avanzaban lentamente entre un concierto incesante de cláxones.
Los balcones lucían enseñas nacionales.
Los bares rebosaban entusiasmo.
Y hasta las palmeras, si se nos permite la licencia poética, parecían inclinarse respetuosamente ante la magnitud de la hazaña.
Los visitantes extranjeros, maravillados por el espectáculo, contemplaban cómo un pueblo entero celebraba con entusiasmo el triunfo de su selección.
Los hoteles prolongaban las sobremesas nocturnas.
Las terrazas brindaban sin descanso.
Y los camareros, convertidos por unas horas en comentaristas deportivos, repetían orgullosos:
—¡Ha ganado España!
Desde los balcones municipales se respiraba satisfacción.
Las gaviotas sobrevolaban la costa.
El mar permanecía sereno.
Y la luna, según aseguran los cronistas más entusiastas, decidió sonreír para contemplar gloriosa la fiesta.
Porque cuando España conquista un Mundial...
¡Hasta el Mediterráneo parece aplaudir!
Y mañana...
Mañana volverán los impuestos, la gasolina cara, la alarma del despertador y la jornada laboral.
Pero esta noche...
¡Esta noche nadie podrá arrebatarnos la gloria!
Porque la historia ya está escrita.
¡España, campeona del mundo!
¡Y Salou, una vez más, celebrándolo como si el gol hubiera entrado directamente desde la playa de Llevant!
(I una altra vegada la musiqueta.)

