(Ja sabeu: la musiqueta).
Bajo un cielo espléndido, sin atisbo de nubes y en un ambiente de fervor ciudadano, la villa turística de Salou vivió en la jornada de ayer un acontecimiento de excepcional trascendencia astronómica: el esperado eclipse total de Sol, seguido con emoción por millares de vecinos y visitantes congregados frente al Mediterráneo.
Desde primeras horas de la tarde, las principales avenidas y paseos marítimos presentaban un aspecto de extraordinaria animación. Familias enteras, turistas de diversas nacionalidades y curiosos llegados de numerosos puntos del territorio se disponían a contemplar el singular fenómeno celeste, cuidadosamente organizado por el Ayuntamiento de Salou.
Al frente de tan importante dispositivo se hallaba, cómo no podía ser de otra manera, el alcalde, don Pere Granados, cuya constante presencia marcó el desarrollo de la histórica jornada. Atento en todo momento al bienestar de la población, el primer edil supervisó personalmente el reparto de decenas de miles de gafas homologadas para la observación segura del eclipse, gesto acogido con visible gratitud por los asistentes.
Las cámaras de televisión y los reporteros gráficos recogieron numerosos instantes de la intensa actividad municipal. Don Pere apareció recorriendo los distintos puntos de observación, saludando cordialmente a los ciudadanos, atendiendo a los medios de comunicación y ofreciendo instrucciones precisas para que el acontecimiento pudiera seguirse con el orden y la solemnidad que la ocasión requería.
El momento culminante llegó cuando el Sol comenzó a ocultarse tras la sombra de la Luna. Un respetuoso silencio se extendió por el paseo marítimo mientras cientos de miradas se elevaban al firmamento. En primera línea, junto a las autoridades y fuerzas de seguridad, el alcalde contempló el fenómeno cara al Sol, símbolo de la firmeza y la confianza con que Salou afronta los grandes acontecimientos de su tiempo.
La multitud respondió con aplausos y expresiones de admiración ante el espectacular oscurecimiento del cielo mediterráneo. Muchos asistentes destacaron la excelente organización municipal y la capacidad de la ciudad para convertir un fenómeno astronómico en una celebración colectiva de convivencia y promoción turística.
La jornada concluyó con un ambiente de satisfacción general, quedando para la posteridad las imágenes de un Salou volcado con el eclipse y de un alcalde omnipresente que, una vez más, supo situar a la ciudad en el centro de la atención pública y mediática.
Salou, bajo la luminosa guía de sus instituciones, ofreció así una lección ejemplar de civismo, entusiasmo popular y proyección internacional, demostrando que la Costa Dorada continúa siendo escenario privilegiado de los grandes acontecimientos nacionales. ¡Viva España!

