—Alcalde de Salou…, ¿por qué faltaste a misa el sábado pasado, fistro pecador de la pradera?
—¡Quietorrr! ¡Que estaba trabajando!
—¿Trabajando? ¿El sábado por la tarde? ¿Te das cuen?
—¡Sí, pecador! ¡Estaba haciendo una cosa importantísima!
—¿El qué?
—¡Reaparecer! ¡Porque llevaba unos días más escondío que el precio de una cerveza en primera línea de playa!
—¡Jarl! ¿Y no fuiste a misa?
—¡No pude! ¡Tenía una aparición fotográfica!
—¿Y qué dijiste?
—¡Que la regata Rei Jaume tiene vínculos históricos y de hermandad!
—¡No me seas cobarde! ¿Y de misa, qué?
—¡Que también tenía vínculos históricos… pero con el cepillo de la iglesia, que se vacía antes que la VISA de alcaldía!
—¡Fistro! ¡Pecador! ¡Mala persona! ¡Tú no faltaste a misa… tú faltaste a la cita con el de arriba!
—¡Jarl! ¡Pues que me espere! ¡Que tengo la agenda llena hasta 2027! A ver si repito para seguir chupando del cepillo, digo, del cuento.
—¡No puedorrr! ¡Este hombre no tiene ni pecado original: tiene pecado urbanístico! Hasta luego, Lucas.
—Que no te enteras, contreras. Me llamo Pedro, ¡y no te digo trigo por no llamarte Rodrigo !
—Grijandemor, ¡que trabajas menos que el sastre de Tarzán!
